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El Atlético sigue atrapado en su desesperación

Publicado por admin el 24 de Octubre de 2009 en Blogroll

dforlanToca asegurarse de que Quique Sánchez se ha ligado mediante firma al Atlético de Madrid. De lo contrario, estaría a tiempo de echarse atrás, algo que no sería raro a juzgar por lo que ha podido presenciar en el que será su estadio durante los próximos meses. El conjunto rojiblanco se ha dejado empatar en el descuento por un Mallorca que jugó casi medio encuentro con nueve, y ello después de que Forlán errase uno de los dos penaltis que lanzó. Lo cierto es que Quique se ha encontrado lo mismo que viene siendo este equipo en los últimos tiempos. Aunque hay que ser valiente para ponerse al frente de un grupo moralmente hundido, pocos retos son tan apetecibles para un entrenador, y hay tanto que mejorar que poco puede salirle peor. Son muchas las razones por las que el Atleti está donde está, pero sus directivos y sus jugadores siguen faltándole al respeto a un club históricamente ambicioso, cuya afición está desesperada.

Confío en Quique, aunque no en un plazo tan corto como debiera, y cuando la afición levanta los pañuelos —y las armas— mirando hacia el palco en lugar de al banquillo, lo hace porque sabe que no es sólo cuestión de cambiar de entrenador, sino que el problema es la falta de calidad de los futbolistas. No son los peores, pero tarde o temprano tenía que pasarles factura el desprecio que sienten por el balón. Santi Denia, técnico provisional, tomó varias decisiones, algunas más entendibles que otras. Sentó a Asenjo y confió en De Gea, pero el joven canterano no anduvo fino y acabó por ‘comerse’ el tanto del empate; mantuvo a Domínguez en el centro de la zaga sin que haya demostrado nada especial; y apostó por Maxi, pero dejó en el banco a Jurado, que venía haciéndolo bien en este inicio. Cuando tiró del sanluqueño, fue valiente y retiró a Assunçao, pero luego fue fiel a la costumbre y retiró al ‘Kun’ para dar entrada a Cléber, nunca a Sinama-Pongolle. Pues bien, por encima de todo, siguió el Atlético desafiando al fútbol y se encontró con un gol postrero en su portería, un hecho propio del género de terror que suele ofrecer el Calderón.

Claro que para terror, el que atiende a los balones aéreos. Así llegó el gol bermellón, con la correspondiente ‘pájara’ de la defensa, que dejó a Borja Valero controlar dentro del área y encontrar un punto perdido. Desarrollando teorías, puede que el Atlético busque el protagonismo en sus propios males, pues consigue al menos provocar las palabras. No se hablará tanto del buen hacer del Mallorca como del ridículo local, algo que responde a la imposibilidad de pasar por alto la ineptitud atlética para corregir unos errores que le están condenando al fracaso. En esencia, son los mismos jugadores que el pasado curso lograron finalmente alcanzar el objetivo, pero ha desaparecido la eficacia goleadora, única razón por la que este equipo sigue en pie. Forlán y Agüero dieron tanto que, por ahora, se les perdona todo. Pero el desastre existe, y es que el juego no fluye, ni en la mente ni en el césped; si bien es cierto que hubo ocasiones y que la suerte no está del lado colchonero cuando se trata de la red rival, si no se amarran partidos como este, la propia inercia negativa llevará al Atlético a la desesperación más cruel y al filo del abismo.

Una vez acertados los problemas, el dilema es de dónde sacar lo que no hay; fundamentalmente, no hay defensas contundentes ni centrocampistas creativos. Aquí puede jugar un papel determinante Quique, pues a veces los técnicos se ponen el disfraz de mago y conciencian de tal forma a sus aprendices que acaban estos por hacer lo inimaginable. Raúl García, Assunçao, Cléber más Camacho, cuando se recupere, deben aceptar y desarrollar los criterios que el nuevo técnico implante. Entre tantos defensas, algunos habrán de aprender que la zona de atrás no es un juego, y que su papel no es variable en función de la versión atacante que presente el equipo: la defensa es el pilar primero, la base sobre la que deben sostenerse los valores de la creación y del gol. Seguro que es cuestión de tiempo que los de arriba recuperen su nivel, pero para ello hay que trabajar varios aspectos determinantes, y de qué manera.

Se abre mañana una nueva etapa, aunque con los mismos ingredientes aún y con la resaca de una semana que llevó al enfermo a la agonía. Hay cosas que no cambiarán con ningún entrenador, pero hay otras que sí, y ahí puede desarrollar Quique su labor en busca de un punto de inflexión. Criticar, critica cualquiera. Pero si algo aprendí con el tiempo es a no desesperar cuando me lo dice el corazón, y ni tan siquiera en muchas de las ocasiones que la cabeza me dicta pequeñas líneas de locura. Principalmente por eso, deseo que el recién llegado técnico me enseñe unos trazos lógicos a partir de los cuales iniciar teorías esperanzadoras. Si se traduce a la práctica, mejor. Pero sé de buena fuente que en Marbella, este mismo martes, esperan la visita del Atlético con el deseo de hincar el diente a unos jugadores errantes, a un escudo que ahora se tambalea. Y allá que debiera empezar todo, pues el fútbol no entiende de grandes asuntos si en la base no están los cimientos adecuados para emprender aventuras mayores. Al Atlético sólo le queda de grande su nombre, pero es un nombre que actualmente le viene grande, y eso se arregla con humildad, trabajo y carácter.

Foto | AFP (El Mundo)
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Artículo original: Notas de Fútbol

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